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09 octubre 2008

Hay días (Parte 2)



Carlos se levanta y va a buscar en el minibar una botella de champán del 98. Agarra dos copas que hay en la misma mesilla donde está el minibar y le señala el jacuzzi a la muchacha. Los dos se bañan juntos rodeados de espuma y brindan con sus copas cargadas también de pompas que juguetean en sus bocas, que pasan de una lengua a otra en cada beso, y de unos labios a otros, y de una piel a otra.


Hicieron el amor en el jacuzzi, sobre la cama, en el suelo, fuera en el balcón, con fresas y nata, con chocolate… Sudaron esa noche un sudor fresco, como agua, y bebieron el aire de los besos que no encontraban piel y, perdidos, naufragaban por la habitación.


Cuando se despertó, abrazada a él seguía aquella muchacha, risueña, exhausta, despierta desde hace un rato, pensativa y delicadamente feliz. Él sonrió, y acariciándole el pelo le dijo


-Esto hay que repetirlo.


La chica apretó fuerte los dientes y deseó que su realidad hubiese sido otra, que la razón por la que ella estaba allí se quemara y ese fuego hubiese pasado a ser sólo humo, que su realidad hubiese pasado a ser sólo humo… Deseó que aquello fuera cierto, y que pudiera repetir cada noche con el mismo tipo. Y envidió profundamente a la esposa de aquel caballero, tal era el sentimiento que había despertado en ella, que quiso la vida que se le escapara una lágrima y rodara por la sábana, hasta el suelo.


-¿Por qué…?

- ¿Por qué qué?

- …


- Entiendo. Verás… Mmm… Digamos que la responsable de que yo lleve un anillo en la mano derecha me dejó plantado hace unas horas en el altar, justo antes de colocármelo. Y yo, egoístamente, he pensado que me merecía una Noche de Bodas de ensueño, y así ha sido.


La joven lo miró a los ojos, y se le saltaron un par de lágrimas más, se agarró fuerte a él.


-Espero que no estés furiosa por lo que te he dicho.


Ella no dijo nada. Él se levanto, cansado y confuso, desnudo, recorrió la habitación hasta llegar a la silla donde yacía la chaqueta. La muchacha entendió por qué el esmoquin, por qué el Mercedes adornado, por qué la suite reservada.


-Te llevaré a casa y no te preocupes por el dinero, aquí tienes.


La muchacha, sentada en la cama, cubierta torpemente por las sábanas negras, hizo un esfuerzo por coger el dinero. Y teniéndolo en la mano pensó que más ilusión le hubiera hecho que la besara.


La joven siguió callada. Se vistieron y bajaron. Se montaron en el coche. A pesar de todo, se sentía dichosa y afortunada. Pero su gesto aún se reflejaba pálido y triste. Le indicó cómo llegar hasta su casa. Y una vez hubieron llegado, antes de bajarse ella, él le dijo


-Te pareces mucho a ella, pero tú eres mucho más hermosa, y no me has causado dolor alguno. Espero que volvamos a vernos.


La triste chiquilla sonrió por fin y le besó en la comisura de los labios, se bajó del coche y entró en su casa sin decir una sola palabra. Abrió la puerta, y cuando la cerró, suspiró


-Dios mío…


Esa misma noche, a la misma hora, en la misma esquina, allí fue él con el mismo Mercedes blanco, escuchando como el día anterior, la 90.1, donde sonaba en aquel momento Manolo garcía con sus “Pájaros de barro”.


Ella no apareció. Si algún día la veis, decidle que le he escrito una historia en un blog.



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02 octubre 2008

Hay días (Parte 1)


Pasada la medianoche, ella espera, como cada noche, en aquella esquina, tan joven y radiante… apoyada sobre una pared mugrienta de un edificio suburbial, con un vestido negro cuya falda tapa ligeramente sus muslos y un escote en la espalda que deja entrever el paisaje donde sueñan poder correr las manos más desesperadas, y las menos también.

Aparece al final de la calle el primer coche, un Mercedes blanco con adornos de cinta blancos, como en las bodas, con la música a todo volumen, ¡menuda casualidad! En la 90.1 suenan los Burning con su clásico tema. Se para enfrente de la joven, el hombre baja la música y asoma la cabeza por la ventanilla

-¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? Anda sube

Ríen los dos. La muchacha se monta en el vehículo y observa detenidamente al conductor. Esmoquin negro, camisa blanca, pajarita torcida, unos 26 años, muy atractivo, luciendo en su muñeca izquierda un antiquísimo Glashütte Original. En su mano derecha, un anillo. “Está casado”, pensó, “como tantos otros”. Iba algo bebido, pero la chica no se asustó.

El tipo no paró de hacer bromas y chistes durante el trayecto. La joven ya había visto de todo antes, pero esto no era algo a lo que estuviera acostumbrada. No era típico en un hombre que sale a estas horas de la noche buscando compañía, el que se preocupara en hacerla reír y sonrojarla con los piropos más originales que jamás haya oído decir. Como si los hubiera preparado para ella un rato antes de aparecer con el coche.

Llegaron a un hotel cinco estrellas - gran lujo. Él bajó primero y le abrió la puerta. “Menudo tío…”. Pensó ella, sorprendida. Les sostuvo la puerta de la entrada un chico de traje y con la corbata un poco desanudada -normal dado la hora que era, estaba a punto de cambiar el turno e irse a casa -.

-Pasen, por favor

Llegados a la recepción, el joven se acercó al recepcionista del hotel, sin soltar la mano de su acompañante, y dijo

-Tengo una suite reservada a nombre de Carlos De Guevara

-Muy bien Señor, ya recuerdo. Tome… y enhorabuena.”

Dijo esto el recepcionista y les guiñó un ojo y la muchacha, extrañada, se quedó con ganas de preguntar. Pero no lo hizo. Subieron hasta la suite. Una vez dentro, la joven se asombró de tanto lujo. Un jacuzzi, un balcón con unas vistas espectaculares de la ciudad, una cama redonda enorme con unas preciosas sábanas negras y cojines rojos. No podía creerlo…

Él se quitó la chaqueta y la dejó sobre una silla. Se deshizo de la pajarita echándola a volar tras una mesa gigantesca que había en una esquina de la enorme habitación. Sentó a la joven a los pies de la cama, y con cuidado le quitó los tacones. Se ayudaron a quitarse la ropa, ambos.

Desnudos, los dos, rodaron besándose por el suelo como dos desesperados. De repente dejaron de dar vueltas y él encima de ella, como cuando un león tiene a su presa acorralada y está a punto de asestar el último golpe, dice

-Un momento…


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