"¿Cuántas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo?" "¿Qué significa eso?" "Con sangre entra..."
He encontrado tu rastro, ese hilo casi invisible que lo une todo a mi corazón.
Lo encontré en la sonrisa de aquella chica que robó parte de mis sueños, y en el brillo de los ojos de la azafata, y en las pequeñas orejas de la chica de tez pálida, y en la forma de posar de aquella morena de pelo largo...
Aún mantengo la esperanza de encontrar a aquella persona que consiga romper esta caja metálica para darle un nuevo suspiro a un alma sin sueños, sin ansias de volar...
Te quiero, así empieza y así tendría que acabar, como esta noche. Jugamos, deseosos nos tenemos y acariciamos, nos besamos y amamos e incluso alcanzamos el placer más inmortal e inimaginable, físico y mental. El deseo, la apariencia, el fondo, todo es perfecto... Pero, minutos más tarde... Irónica, sarcástica y de mal gusto me enredas como otras veces en el mal, así de pronto. Sólo lo parecía. Y a mi se me ocurre, después de algunos de tus ratos, susurrar tu nombre en lo profundo de lo oscuro, en el tridente donde guarda el diablo su odio, dispuesto. Pero tu nombre sólo trae a mis ojos luz y a mi boca el sonido de lágrimas de alegría que caen al suelo y suenan como pompas al estallar en el aire de un niño que juega en Agosto con el jabón. Y tú intentas decirme algo pero no puedes porque estoy al otro lado de la orilla del río y no puedo oirte, siquiera intuir tu figura a lo lejos. Ya es tarde, y pasa que no quiero escucharte. De un momento a otro habrá de amanecer.
Juego a las cartas mi felicidad, apostándolo a todo o nada.
Me juego una vida llena de vacíos, de personas que no existen, de ilusiones rotas y sueños por cumplir. Juego a perder, aunque nadie lo sepa.
Anhelo la época en la que solo tenía que aceptar mi vida, y la felicidad llegaba sola. El tiempo me ha demostrado que no sé elegir y, como venganza, perdí en mi juego y volví a ganar; llevándome como premio una burla del destino que, en vez de guiñarme un ojo, me mostraba otro camino.
Una bandera de barras y estrellas coloreaba el horizonte...
Vuelas buscando una felicidad que sabes imposible, vuelves a tu punto de partida cuando tienes miedo, y no te atreves a abrir tus alas buscando algo nuevo.
Una de esas veces quise tenderte mi mano, ayudarte, pero la rechazaste, volviendo al calor de un amor conocido.
Tus dudas te tienen en vilo con la vida, no sabes lo que quieres, pero sigues sin cambiar.
Espero que, algún día, quizá con el calor del sol o el frío del invierno dejes guardado tu nido de enigmas y salgas a volar...
Ella lo sabe. Reconoce los demonios… Quizá más gente pueda hacerlo también. Si es así, aún no estoy acabado. Una última oportunidad para intentar huir y otra para torcer las cosas. Necesito un patrón que reúna a todas las víctimas.
(- ¿Eso crees? Estoy segura de que piensas que no hay manera de alcanzar a entender todo aquello por lo que has pasado… que no podré posiblemente imaginar esa… necesidad. Como un millón de bocas iguales, todas susurrando, gimiendo, pidiendo, implorando; un sentimiento que nace y crece como una ola: “Esto es lo que eres…”. Y te encuentras cara a cara intentando batir la necesidad, que grita para ser alimentada: “¡Ahora!”… Esa es la voz, la única voz que te habla por dentro, y eres tú el único que oye esa dichosa voz. Y le perteneces. Eres parte de esa sombra de ti mismo que lucha por hallar la luz en esa oscuridad en que se reprime.
- Lo siento, pero tengo que irme. Gracias por los donuts. )
Esto es muy arriesgado. No puedo continuar con las reuniones. Debo concentrarme en lo verdaderamente importante. Si sigo aquí acabaré confesándolo todo. Ella tendrá que entenderlo.
- Te has perdido la peli de los niños. ( Sonríe, cansada)