Naci para ver caer la nieve sobre la hierba,
a Billy Petersen en las Vegas,
y a Camarón dejar la Isla desierta.
Volé hasta Italia, conduje hasta más allá de Francia,
corrí de las mujeres hasta que me alcanzaron,
mi mejor escondite fue la sombra de un manzano.
Vi arder mi bandera en manos de niños,
a carritos abriendo paso a madres en pasos de cebra,
y a niñas muy sueltas en sus primeras citas.
Viví el último día de los ‘90 la que sería mi supuesta última noche en la Tierra,
y viví una época donde el Presidente nos robaba,
y otra en la que nos conducía hasta la guerra.
Escuché que la gente seguía muriéndose de hambre,
Oí a alguien pegar en la puerta de Bob Dylan
hasta hacer caer las nuevas lágrimas del viejo Clapton.
Pasé de no masturbarme por miedo a quedarme ciego
a desear no poder no cerrar los ojos de pura intensidad.
Del amor, por no querer tener nada que ver, nunca he querido hablar.
Lloré cuando mis Héroes se callaron durante diez años,
y hace catorce, “pongamos que hablo” de Antonio Flores,
aún lloro en el sitio de mi recreo cuando me acuerdo del “chico de no-hace-tanto”.
Tenía un mes de Abril y me lo robaron,
y aún tengo tanto, tanto, tanto miedo,
que si algún día encuentro el valor para decírtelo… Mejor me callo porque no puedo.
Por la paciencia



