02 octubre 2008

Hay días (Parte 1)


Pasada la medianoche, ella espera, como cada noche, en aquella esquina, tan joven y radiante… apoyada sobre una pared mugrienta de un edificio suburbial, con un vestido negro cuya falda tapa ligeramente sus muslos y un escote en la espalda que deja entrever el paisaje donde sueñan poder correr las manos más desesperadas, y las menos también.

Aparece al final de la calle el primer coche, un Mercedes blanco con adornos de cinta blancos, como en las bodas, con la música a todo volumen, ¡menuda casualidad! En la 90.1 suenan los Burning con su clásico tema. Se para enfrente de la joven, el hombre baja la música y asoma la cabeza por la ventanilla

-¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? Anda sube

Ríen los dos. La muchacha se monta en el vehículo y observa detenidamente al conductor. Esmoquin negro, camisa blanca, pajarita torcida, unos 26 años, muy atractivo, luciendo en su muñeca izquierda un antiquísimo Glashütte Original. En su mano derecha, un anillo. “Está casado”, pensó, “como tantos otros”. Iba algo bebido, pero la chica no se asustó.

El tipo no paró de hacer bromas y chistes durante el trayecto. La joven ya había visto de todo antes, pero esto no era algo a lo que estuviera acostumbrada. No era típico en un hombre que sale a estas horas de la noche buscando compañía, el que se preocupara en hacerla reír y sonrojarla con los piropos más originales que jamás haya oído decir. Como si los hubiera preparado para ella un rato antes de aparecer con el coche.

Llegaron a un hotel cinco estrellas - gran lujo. Él bajó primero y le abrió la puerta. “Menudo tío…”. Pensó ella, sorprendida. Les sostuvo la puerta de la entrada un chico de traje y con la corbata un poco desanudada -normal dado la hora que era, estaba a punto de cambiar el turno e irse a casa -.

-Pasen, por favor

Llegados a la recepción, el joven se acercó al recepcionista del hotel, sin soltar la mano de su acompañante, y dijo

-Tengo una suite reservada a nombre de Carlos De Guevara

-Muy bien Señor, ya recuerdo. Tome… y enhorabuena.”

Dijo esto el recepcionista y les guiñó un ojo y la muchacha, extrañada, se quedó con ganas de preguntar. Pero no lo hizo. Subieron hasta la suite. Una vez dentro, la joven se asombró de tanto lujo. Un jacuzzi, un balcón con unas vistas espectaculares de la ciudad, una cama redonda enorme con unas preciosas sábanas negras y cojines rojos. No podía creerlo…

Él se quitó la chaqueta y la dejó sobre una silla. Se deshizo de la pajarita echándola a volar tras una mesa gigantesca que había en una esquina de la enorme habitación. Sentó a la joven a los pies de la cama, y con cuidado le quitó los tacones. Se ayudaron a quitarse la ropa, ambos.

Desnudos, los dos, rodaron besándose por el suelo como dos desesperados. De repente dejaron de dar vueltas y él encima de ella, como cuando un león tiene a su presa acorralada y está a punto de asestar el último golpe, dice

-Un momento…


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2 comentarios:

Anónimo dijo...

por diossssss... la parte 2 ya!!! es muy duro no seguir leyendooo... es como un gatillazoo XDDD Sylvie

Caledor dijo...

Pronto... ;)