27 octubre 2008

Mi pecado capital


Con las piernas abiertas, te apoyas contra el cabecero de la cama y esperas a que acerque mi boca a tu ombligo. Te estremeces y tu piel se eriza con el tacto frío de mi lengua, acabo de escupir hielo en el vaso. Adoro ver cómo te retuerces y tus brazos se agarran fuertes a la almohada, cómo aprietas los dientes y tus piernas bailan en el aire y tú no puedes… ni moverte. La humedad acaricia mis labios y mi lengua, ahora más templada, recorre cada uno de tus pliegues repartiendo besos, con mis labios, a cada rincón cálido de tu cuerpo. Tu pecho, firme, resiste los pellizcos suaves con que mis dedos te castigan y mi otra mano acaricia tus piernas que, en breve, temblarán como nunca antes las había hecho temblar nadie y todo tu cuerpo y tu esencia se perderán en mi boca.



No existe lujuria moderada, y yo sueño con esto todos los días, todo el día…


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2 comentarios:

Caledor dijo...

antes de decir algo, por favor, el nombre, aunq sea mentira

sara dijo...

Creo que es un relato erótico genial, la verdad que sin ofender a nadie por palabras fuera de lugar, has conseguido poner nervios@ a más de un@... En mi caso lo tengo que reconocer... Es muy sensual, eso nos encanta a las mujeres.. besos sigue así