25 octubre 2008

La angustia

En la cantina el viejo se sienta, como cada noche, en una banca al final de la barra en el fondo del bar. Enciende su cigarro y absorbe lentamente la primera calada de humo, más nostálgico, más cansado y más viejo a cada segundo. El anciano taciturno, en guerra contra todo el mundo exterior, confiesa haber burlado al destino y su encarcelamiento se hace más angosto bajo la piedra en la que se oculta, y se le clavan en el costado los pecados torcidos y sus recuerdos le aletargan la razón intermitente que creyó perdida. En su copa contempla el reflejo de dos amores ciegos que jugando al amor quedaron enfrentados hasta el fin de los tiempos. A su lado, la soledad sentada mete más cizaña, detrás su pasado y ella se agarran de la mano susurrando antiguas mentiras, pero él levanta la cabeza y espera que llegue la misma mujer de siempre, que ahora entra por la puerta, la vieja angustia.


"Hay crisis en el lado mojado del desierto,
hay crisis del petróleo, del pan, del porvenir,
hay crisis en la Meca y en la oración del huerto,
el crack, la discoteca, las ganas de vivir."


J. Sabina

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2 comentarios:

Enredada dijo...

Triste y precioso escrito...
el final de la vida y la soledad sentada, arañando, punzando.
mil besos

Beauséant dijo...

da igual en que bar te ocultes, esa maldita siempre te acaba encontrando para susurrar tu nombre.